Diosas de carne, hueso y éter

marzo 19th, 2009
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    Tomo asiento donde menos llame la atención, donde ellas puedan tomar asiento, cómodas, tranquilas. Las miro una por una. Cada una con una sonrisa de cortesía y ojos inquietos. Su atención siempre en su regazo. Las palabras les rozan los oídos, los labios… pero siempre la dulzura toma cuerpo entre sus brazos.

    Me gusta verlas con sus pechos amorosos  fuera de sus camisas, camisetas, jerseys.  La vida es libada por unas boquitas que se “amorran”  a la Fuente. Algunas se muerden los labios y contienen un grito. María José se acerca y una a una, les pregunta, les escucha, las acaricia, les pide permiso…

    Es en ese momento en el que la mueca de dolor, de sacrificio, desaparece lentamente. Se dibuja una leve sonrisa…poco a poco sus hombros se relajan y comienzan a abrir los ojos. La Luz se cuela por sus pupilas. 

    Mientras esto ocurre, no puedo evitar imaginarme sentada cómoda, en las sillas de mimbre, mirando mi regazo, recorriendo con las yemas de mis dedos la carita de quien venga  a llenarme de Luz…

    Vuelvo al Aquí y Ahora y les doy las Gracias a cada una por permitirme compartir estas emociones. Algunas me paran y me piden consejos. Ellas no saben que soy yo quien busca ese encuentro, que soy yo la que agradece cada segundo de su Presencia., maravillándome de las mujeres, de las madres y de la Sagrada Leche Materna.

     

    A todas, mi Amor y Agradecimiento

    (a las mamás del Grupo de Apoyo a la Lactancia de Sant Feliu de Llobregat)

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