A la salida del callejón

enero 23rd, 2008

Las chicas de uniforme huelen a chicle de melón. No sé bien si es por cuestiones de infancia, o porque los vicios ya empezaron a florecer entre sus blancos muslos de porcelana.

A veces recuerdo los días de patio y esquinas. Se me encoge el corazón. Era aquella gorda listilla con gafas y una madre justiciera. Todo estaba dentro de mi. O al menos creía que podría escapar. La verdad nunca fui sincera. Entonces ahora vuelo a replantearme eso de ser sincera de una vez. Probaré a ser la persona que me quiero hacer ver que soy.

Desde aquí veo a las pintarrajeadas mujeres de 15 años con un pirulí en la mano. Porque ya son más mujeres que yo en todos los aspectos. Condenadas a ser mujeres en tiempos de cólera en bragueta inquieta.

Alguna vez fui una de ellas. Quizás por eso me vendí bien barato. Tal vez por eso me negué a aprender a decir que no. Era caprichosa y una vez más, perdí en mi propia ruleta rusa.

El chicle de melón ayuda a esconder el alquitrán de los labios de las princesas de la bocas de fresa. Nadie les avisó, que sus madres, antes niñatas, lo intentaron con los “Cheiwn” de fresa ácida. Hace tiempo que nos olvidamos de que fuimos una de ellas. Bragas de ositos manchadas de deseos perdidos. Demasiado pequeñas para nadar y muy grandes para seguir mamando…nadie existe si no se ha perdido antes, entre sus vaqueros, algún bendito recuerdo.

Miro a la calle y me muerdo los labios para no gritar. Quizás es la envidia o la maldición de la edad. Ahora soy responsable de mis inutilidades y por eso el médico me receta mentiras en forma de píldora.

Ahora los chicles no saben igual….

Sentarse y caer

enero 19th, 2008

Jonnhy Cash susurra y yo me propongo clarear lo oscuro de las almas humanas. No soy misionera de ninguna orden. Soy una idiotä de 24 con kilos de Paroxetina y gramos de Diazepam en una dieta Mediterránea a las orillas del Llobregat.Allá quedó la Norteñä natal (Santurtzi, para los que quieran datos exactos) y desde allí, me vine con un almä retorcidä y un saco de angustïas pseudoadultas; totalmente infantiles. El mundo real duele cuando lo miras desde arriba; desde abajo; de izquierda a derecha e incluso en contrapicado.Ahora, sin propósitos de enmienda, voy a aprender a desechar la fobia al gentío. Porque la gente mata al mirarla. Sé distinguir gente de persona. De ahí que padezca “gentefobia” (todo junto para que ocupe menos en mi psiquis) y disfrute de una impresionante “persona filia” (separado, para que las palabras se graben en mis sienes y me sienta menos culpable de la fobia anterior).¿Cuál es la diferencia? bien, una mujer mayor de 73 años 5 meses y 24 días subiendo al autobus con 2 bolsas del Carrefour, a su lado un crío de 16 (desconocido para la señora y para mi) le ayuda con las bolsas y le acerca el dinero al conductor. Ahí, me enternezco, sonrío y me siento culpable (a la vez) por no haber sido yo el chaval. Este caso es propio de mi “persona filia”.El caso contrario, igual de ilustrativo, son 4 viejas de mil quinientos años con mil doscientos cincuenta y cuatro achaques, luchan en una carnicería por la vez, teniendo delante a un niño de 8 años, que por cuestiones de quién-llegó-antes, es el primero. Pero éste acaba pidiendo el último y tales sacos de arrugas, pellejo y mala baba, cacarean al unísono en pro de su derecho. Aquí padezco punzadas de odio en la barriga y pienso en subir dosis de Paroxetina y lo que sea. Sí, “gentefobia”.Estoy cansada, para variar…sigo en otro momento descifrando lo que me cuesta cifrar. ¿Será útil?pues igual no. Pero no todo ha de ser pragmatismo….h-ojalä